Mi inventario es cada vez más extenso. Según el tiempo pasa y lo que me gusta cambia, hay una línea en la que siempre se encuentran las flores.
Lo -único- bueno del tiempo que transcurre es poder servirse de la perspectiva que ofrece. En cada elección se encuentra un hilo conductor que parece llevar hacia lo que mi profesora de fengshui llama el paraiso en la tierra que nosotros mismos podemos crear. Cada cosa que compré nutría mis sueños y, al mirarlas, me recordaban que estaba más cerca.
Sin embargo, he comprendido que a ese paraíso ya he llegado. "Vive hasta el punto de las lágrimas", dice Camus. Y así es...


