Una decoradora a la que sigo de cerca por sus reflexiones y su trabajo
comenta en uno de sus blogs que ha llegado la hora de pararse a oler las rosas.
Al leer esta expresión, un primer pensamiento ocupa mi cabeza:
un grupo de turistas en la Alhambra,
parando cada pocos minutos a oler las flores que allí se encuentran
sin prestar atención a la obra arquitectónica que estaban visitando.
Recuerdo haber pensado en ese momento que tomaban muy al pie de la letra la recomendación
de cierto jugador de golf, Walter Hagen: "Estás aquí para una corta visita. No tengas prisa, no te preocupes, y asegúrate de pararte a oler las rosas en el camino." Esta es mi traducción, más o menos...
Todos hacían lo mismo, sonriendo como si les hubieran pulsado un botón.
Tras ese pensamiento, que me pone nerviosa, viene otro, sobre mi: hace mucho tiempo que decidí
pararme a oler las rosas a mi manera, evitando las prisas, las preocupaciones, buscando zambullirme en cada cosa que hago, consiguiéndolo a veces... He terminado de ilustrar mis cuentos y pinto las flores de mi casa cuando tengo un ratito.
Estar alerta, ser consciente de lo que me rodea y de lo que está dentro de mi requiere un esfuerzo. Pero una vez dado el paso no hay vuelta atrás. Ya no eres la misma persona.










